domingo, 20 de abril de 2008

Un centenar de personas repudian las agresiones fascistas de los guardias de seguridad

Fotos La Plataforma

Se está desarrollando la Concentración antirracista frente a la estación de Metro de Villaverde Alto :: Entrevista con un portavoz de la Asamblea Antifascista de Villaverde


Unas 100 personas, en su mayoría jóvenes, están concentradas a la salida del Metro y Renfe de Villaverde Alto, donde hace escasas semanas fue agredido un africano por parte de agentes de seguridad de la estación, que usaron violencia racista. La concentración ha sido convocada por la Asamblea Antifascista de Villaverde, el sindicato CNT de Villaverde, algunas asociaciones de vecinos de Villaverde y centros sociales okupados de Madrid

Hay 3 pancartas desplegadas, la principal lleva el mismo lema que la concentración: "Basta de agresiones racistas de los guardias de seguridad"; una segunda pancarta dice "Nativa o extranjera, la misma clase obrera" y una tercera pone "!Peligro! abuso de autoridad. Locos, chulos y prepotentes velan por tu seguridad. Actúan con total impunidad, agreden, insultan y humillan. No más locos con pistolas", traída por activistas de Móstoles, donde han sufrido problemas similares en los últimos meses.

Los manifestantes, en ambiente alegre y combativo, están cantando consignas antirrascistas y contra los guardias de seguridad. Hay 3 furgonas de policía antidisturbios, con una decena de agentes a pié pero en actitud tranquila.

Entrevista

La Haine entrevista a un portavoz de la Asamblea Antifascista de Villaverde, que nos dice:

"Hemos participado en la organización de esta concentración porque desde hace unos meses se están repitiendo una serie de agresiones, fundamentalmente a extranjeros, por los guardias de seguridad de la estación de Villaverde y otras estacionews cercanas."

"También porque se puede decir que está empeorando la situación en Villaverde en cuanto a la presencia neonazi, cada vez se muestran con más impunidad. Son muy pocos, pero llaman a gente de Canillejas o Valdemoro, una vez al mes se reúnen 20 o 30 fascistas que hacen excursiones, la última en la sede de la juventud comunista, donde empezaron a tirar litronas. Ya hemos soportado varias cacerías por toda Villaverde, racistas persiguiendo a extranjeros y antifascistas, sobre todo por la avenida de Andalucía."

Preguntado sobre cuál está siendo la respuesta de los vecinos, nos comenta que "de momento muy participativa, cuando estás repartiendo octavillas se acercan y te piden más para fotocopiarlas y repartirlas en su trabajo. Consideramos que tienen una actitud muy buena y solidaria."




Miles de personas se manifiestan en todo el estado español a favor de la III República

Fuente:20minutos

  • En Madrid, varios cientos de personas han marchado bajo la lluvia.
  • La manifestación de Valencia ha sido convocada por más de treinta plataformas republicanas.

Miles de personas se han manifestado este sábado en Madrid, Valencia y otras capitales españolas para conmemorar la proclamación de la II República el 14 de abril de 1931 y pedir una III República que supere el actual marco constitucional.

La manifestación de Madrid ha discurrido por la calle de Alcalá, entre la plaza de Cibeles y la Puerta del Sol, convocada por partidos comunistas y organizaciones de izquierdas, y con muchos jóvenes entre los asistentes. Una bandera tricolor de grandes dimensiones sostenida por varias personas ha abierto la marcha ante una pancarta que rezaba: "Por la III República. No a la Constitución monárquica del 78".

"España, mañana, será republicana", ha sido el cántico más coreado, junto a lemas como "¡viva!" en referencia a la República

Pese a que esta tarde la lluvia ha caído con intensidad sobre Madrid, varios centenares de manifestantes, muchos de ellos protegidos bajo los paraguas, no han dejado de corear consignas en favor de la III República y contra la dinastía borbónica. "España, mañana, será republicana", ha sido la más coreada, junto a insistentes "¡vivas!" a la República.

Presencia de Llamazares

Tras una de las pancartas, el líder de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, ha dicho que es "un buen momento" para recordar la II República como "antecedente de las conquistas democráticas y de la modernización de nuestro país a lo largo del siglo XX".

En Valencia, alrededor de un millar de personas se han manifestado con el lema "La democracia sí importa. Volem la república" Queremos la República), convocados por la Coordinadora del País Valencià per la República (CPVR).

Miles de personas

La manifestación, que ha transcurrido sin incidentes, ha partido a las 18.00 horas de la plaza de San Agustín y tras pasar por la calle San Vicente, la Plaza del Ayuntamiento y la calle Barcelonina, ha continuado por la calle Vilaragut y Poeta Querol para finalizar en la Plaza del Patriarca, donde se concentraron varios miles de personas, según los organizadores.

Allí Aitor Manero, miembro de la Coordinadora por la República, ha leído un manifiesto conjunto de las 30 organizaciones convocantes en el que se reivindicaba la república como un "único modelo político por el que se puede aspirar a una verdadera democracia".

Además ha expresado la oposición frontal a "las intervenciones militares y de la guerra" y ha reclamado "la soberanía del pueblo valenciano y el derecho a la autodeterminación de todos los pueblos del Estado". Asimismo, se han realizado manifestaciones en Alicante y Castellón, así como en otro pueblos de la Comunitat Valenciana como Burjassot, además de en distintas ciudades del resto de España.

Un menor, con escolta por ataques nazis.

Este es el resultado de la democratica "una, grande y libre" que han creado y alimenta el monstruo del fascismo.








San Fernando de Henares * Rep Castilla.
Un vecino de San Fernando de Henares (39.800 habitantes), de tan solo 16 años, sale a la calle con escolta policial.
El motivo es que en el último año ha sufrido cerca de una decena de ataques, insultos e intentos de agresión por parte de nazis que hay en la localidad.
El hecho más grave ocurrió la noche del pasado sábado cuando volvía con sus padres a casa.
Una veintena de jóvenes de ultraderecha irrumpieron en su portal e intentaron tirar abajo la puerta de su casa, según fuentes cercanas a su entorno.
Eso ha motivado que el joven vaya con protección policial. La pesadilla que está sufriendo este joven comenzó hace un año. Vinculado a ideología de izquierdas, solía vestir con camisetas del Che Guevara. A eso se une que su novia es peruana.
El caso más grave ocurrió el sábado, cuando este vecino volvía acompañado de sus padres.
Eran las 22.30 y le esperaban en la calle cinco chavales de 16 años.
Le empezaron a insultar: "¡Hijo de puta!, ¡cabrón!, ¡jodido rojo!...". El padre se les encaró y salieron corriendo.
A los pocos minutos, una veintena de jóvenes, armados con palos y hierros, entraron en la calle donde vive el joven amenazado. Lograron entrar en el portal, arrancaron el buzón del chaval, pegaron a un vecino al empotrarle contra el ascensor y empezaron a golpear la puerta de la vivienda del joven. "La policía tardó muy poco y logró identificar a cinco".
El joven denunció los hechos en comisaría, pero tuvo que marcharse a dormir fuera de San Fernando.
Los responsables policiales han puesto protección al joven hasta que se produzcan detenciones por lo ocurrido.

La tricolor despide a un mito de la lucha miliciana

Un centenar de personas acude al entierro en Madrid de Rosario ‘la Dinamitera’
público (Kaos. Memoria Histórica)









Cuando cayó sobre el féretro la bandera tricolor, la republicana, empezó a llover. Las gotas fueron engordando hasta convertirse en granizo
ligero de primavera.

Tal vez fue sólo eso. Coincidencia. Tras una tregua de varios minutos, el cielo volvía a plañir en Madrid. Pero ese paréntesis encajó, meticuloso, en el entierro de un mito para la historia. La lluvia quiso detenerse en la despedida roja.

No es una simple metáfora. Rosario Sánchez Mora, la Dinamitera, vivió roja y murió, el jueves, roja. Con ella morían 88 años de lucha por la libertad. Casi 89, edad que habría cumplido pasado mañana.

Rosario ya había trascendido la levedad de la vida hace años, muchos años, cuando Miguel Hernández la inmortalizó en su poemario Vientos del pueblo (1936-1937). “Rosario, dinamitera,/ sobre tu mano bonita/ celaba la dinamita/ sus atributos de fiera/ [...] ¡Bien conoció el enemigo/ la mano de esta doncella,/ que hoy no es mano porque de ella,/ que ni un solo dedo agita,/ se prendó la dinamita/ y la convirtió en estrella!”.

Sin una mano por la impericia

Ese poema sólo exprime en unas líneas aquel día de 1936, al poco de que estallara la Guerra Civil. Aquel día Rosario perdió su mano derecha manipulando dinamita. Apenas tenía experiencia. Unas semanas antes, el 19 de julio, con 17 años, se había incorporado a las milicias populares para detener, desde el frente de Somosierra, a las tropas rebeldes del general Emilio Mola.

Rosario, dinamitera. El poema silabeó en los primeros minutos del sepelio. El mejor responso, el mejor homenaje. La oración laica. Por eso no se dejó enterrar en el cementerio madrileño de La Almudena, en el católico, sino en el civil, levantado junto al primero. Un camposanto recoleto, lleno de la atmósfera épica que también envuelve el cementerio parisino de Montmartre. Allí yacen los restos de Pablo Iglesias, de Pasionaria. Ahora también los de Rosario.

Acabó el canto del poema. Silencio. “¡Viva la República!”, gritó uno. “¡Viva la República!”, repitieron los demás asistentes, en torno al centenar. Los enterradores se afanaron en enyesar la sepultura. Silencio. Y un nuevo grito. El canto de La Internacional. De nuevo, emergió el dolor colectivo, el imaginario republicano, la profunda fe comunista.

“Yo era amiga de Rosario. Pero ella era un poco amiga de todos, los que conocía y los que no –musitaba entre sollozos Ángela–. Era tan afable, tan vigorosa... Nos deja un vacío enorme. Se va sin que se haya hecho justicia con todos los luchadores”. “Vamos a ser así de mayores, como ella”, se prometía otra mujer.

Era la concesión a la esperanza. Porque, latente aún la aflicción por la marcha de Rosario, se sentía el sueño. La lucha por la III República no ha muerto en sus corazones. No, desde luego, en el de las dos hijas de la Dinamitera, ni tampoco en el de Ángela. O en el de Gaspar Llamazares, también presente en el sepelio, como Paco Frutos, secretario general del PCE; Almudena Grandes y su marido, Luis García Montero, o Inés Sabanés, portavoz de IU en la Asamblea de Madrid. Como aquella otra mujer con su bufanda tricolor anudada al cuello. Todo un símbolo.

Rosario no está. Su recuerdo vive y vivirá. Lo intuía esa lluvia que paró en el adiós.

Crónica de la manifestación republicana celebrada ayer en Madrid








Kalvellido estuvió allí





























Crónica de la manifestación por la III República del 19 de abril de 2008
Ángeles Maestro

La manifestación de esta tarde en Madrid por la III República y contra la Constitución de 1978, celebrada en medio de inmensos aguaceros que, sin duda han hecho desistir a muchos, confirmando que San Pedro es monárquico, ha confirmado la fuerza del movimiento republicano.


Hasta los más optimistas, y me incluyo entre ellos, pensábamos que este abril iba a resultar un relativo fracaso. A las cuatro de la tarde caían en Madrid las aguas mil de una tormenta feroz, tras varios días de vientos y lluvias que, pensábamos, harían desistir a los muchos miles que convocamos en ocasiones anteriores.

Una vez más, el pueblo de Madrid ha respondido al llamamiento duro y difícil realizado por 38 organizaciones, cuyo Manifiesto y lemas suponen una crítica radical del sistema monárquico instituido por la Transición, y cuando – en medio de una crisis económica que golpea brutalmente a la clase obrera – nativa e inmigrante - la izquierda institucional política y sindical calla vergonzosamente.

Más de 10.000 personas, otra vez en su inmensa mayoría jóvenes- muchos y muchas adolescentes – han confirmado con su presencia, empapados por la lluvia, la fuerza con la que la reivindicación de la III República entronca con la rebeldía y el rechazo del orden establecido de quienes se enfrentan con la fuerza de sus quince o veinte años con un mundo marcado por la precariedad, la deshumanización y la guerra.

Más allá del número de participantes, lo más importante ha sido la fuerza y el contenido de las consignas gritadas hasta enronquecer. Junto a las tradicionales, como "España mañana será republicana" o "Juan Carlos primero, de Franco es heredero", se han cantado otras como: "Vosotros fascistas sois los terroristas ,"Hablan de un rey campechano, dicen que es un pacifista, y es el jefe militar, del ejército franquista", o "Hablan que llegó la crisis, y en gastos quieren ahorrar, que se cierre la Zarzuela, y el Borbón a trabajar" o el clamor de "Carlos, hermano, nosotros no olvidamos".

La Puerta del Sol, se convertia una vez más en plaza del pueblo y espacio de libertad. Tras el Himno de Riego, se escucharon – atronadores – el "Eusko gudariak", "Els sagadors" y el "Fogar de Breogan". Era la primera vez que en una manifestación republicana en Madrid – aún cuando la reivindicación del derecho de autodeterminación siempre ha estado presente desde 2003 – se ha hecho patente el reconocimiento expreso y entrañable de los pueblos del estado español que reclaman su derecho a la soberanía. No sé si se publicarán videos sobre el acto, pero seguro que a los pueblos vasco, catalán y gallego os gustaría ver a madrileños y madrileñas intentando seguir en vuestra lenguas a muchas gentes de Madrid, intentando cantar los trozos que nos sabíamos de vuestros himnos. Era, sin duda, un homenaje a vuestros pueblos, un rechazo al imperialismo español, y una muestra de que, aquí en la meseta, entendemos que vuestra lucha es la nuestra.

Quintín Cabrera – entrañable portavoz de todos nosotros en tantas y tantas luchas - presentó a Paca Gabaldón encargada de leer este Manifiesto http://www.insurgente.org/modules.php?name=News&file=article&sid=13320

Las interrupciones de la lectura que Paca Gabaldón hizo, con toda su fuerza, por los aplausos de la gente, mostraron su apoyo a un texto que denunciaba con firmeza el orden de la transición, su incapacidad para resolver los problemas de los trabajadores y trabajadoras, la política antiterrorista, la corrupción del sistema bipartidista, etc.

No sé qué pensarán quienes como el PCE o UCR, convocaron el cartel, pero no el Manifiesto.

El momento más estremecedor fue la lectura por la actriz Ana Ramos, de La Barraca, del poema de Miguel Hernández "Rosario dinamitera". La potencia y la calidez de su voz recordando a la chavalita que con diecisiete años se incorporó a la defensa del Madrid republicano y que murió hace tres días reivindicando su historia de mujer comunista, nos situó a todos como herederos privilegiados de toda una generación de jóvenes comunistas, anarquistas y antifascistas, de todos los pueblos del estado español, y de las Brigadas Internacionales, y que nos llaman, aquí y ahora, a actuar en consecuencia.

El acto finalizó con una actuación de hip hop que puso de manifiesto, desde las palabras y la música de los más jovenes, la continuidad de los contenidos de la lucha republicana y antifascista.

La lucha continúa. Hay mucho trabajo por hacer. Lo viejo de la izquierda institucional y sindical está muriendo, y lo nuevo, aún está por nacer. Sin embargo, hay un pueblo y una clase que está emergiendo en luchas al margen de lo establecido, corrupto e integrado.

Vincular la lucha por la III República, con la reconstrucción del movimiento obrero, nativo e inmigrante, con las movilizaciones estudiantiles, por la vivienda y contra la privatización de la sanidad y la enseñanza, demostrando en la práctica la connivencia de PP y PSOE – y sus múltiples asociaciones y ONG,S subvencionadas- , es nuestra difícil tarea.

Hoy hemos avanzado un paso más.

Cantando bajo la lluvia, una marea tricolor toma la puerta del sol.

"Llueve llueve llueve y el pueblo no se mueve", cantaban. Y no se movió, excepto para completar el recorrido con una larguísima marea tricolor compuesta por no menos de 10 cortejos de organizaciones y un gran número de gente, principalmente joven, que salió a celebrar el aniversario de la segunda república a pesar de los chubascos itermitentes. VER FOTOS y VÍDEOS >>>
Miguel Álvarez (Kaos. Madrid)

++ Ver las imágenes como Fotogalería >>

Comienza la manifestación.


Los borbones a los tiburones


Cortejo de los jóvenes comunistas.


La manifestación a las 19:20


Media manifestación (19:35h) ...


...y la otra media! (larguísima).


Pancarta de cabecera


Cortejo de Izquierda Castellana


Cortejo de los CJC


Cortejo de Corriente Roja


Cortejo de Espacio Alternativo


Cortejo de Jóvenes de IU


Hasta Llamazares quiso subir al carro republicano.


Fotos: Miguel Álvarez (KaosMadrid)


Cantante del grupo de HipHop Pacto de Sonido


Los ateneos republicanos se sumaron todos.


¿Y dice 20Minutos que fuimos "cientos de personas"?


Marea tricolor.

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Unas 10.000 personas tiñeron ayer de tricolor el "kilómetro cero", la Puerta del Sol de Madrid, lugar donde hace 77 años fuese proclamada la II República contra la que poco después se alzaría en armas el fascismo organizado.

En un ambiente festivo pero combativo, con menciones constantes a la precariedad, a la vivienda, a la corrupción, a la desaparición de la izquierda institucional por falta de identidad, y a todos los problemas que nos asolan, y más reivindicando la tercera que añorando la segunda, un enorme, largúisimo y joven cortejo republicano recorrió el espacio entre Cibeles y Sol rebosanteo de orgullo ante la demostración de fidelidad del pueblo madrileño a la convocatoria republicana en mitad de una lluvia incesante.

Los ya clásiscos "Lo llaman democracia y no lo es", "España, mañana será republicana" o "Juan Carlos acelera, que viene la tercera" fueron parte de la banda sonora incesante durante la marcha. Las expresiones de creatividad popular antimonárquica fueron llamativas: había chic@s disfrazados de tiburones devora-borbones, el conocido activista Jaumed'Urgell portando la descomunal bandera que suele agitar desde los sitios más inaccesibles, la actuación final del grupo novel de hip hop republicano "Pacto De Sonido", etc.

Durante todo el recorrido y en el acto final se hizo sentido recuerdo y homenaje a los que hoy siguen cayendo de nuestro bando: Carlos Palomino y la recientemente fallecida Rosario la Dinamitera, ambos combatientes contra el fascismo que arruinó el proyecto republicano y socialista en el estado español.




viernes, 18 de abril de 2008

MAÑANA SÁBADO TOD@S A CIBELES A LAS 18H POR LA III REPÚBLICA


Contra la Privatización de la sanidad pública


CARTA AL GOBIERNO DE LA NACION Y A LOS DIFERENTES GRUPOS PARLAMENTARIOS

La persona abajo firmante.

• Convencido/a de que la sanidad pública no debe de estar condicionada ni gestionada por las decisiones de las empresas privadas.

• Convencido/a de que la introducción del ánimo de lucro en la sanidad pública no mejora la eficiencia del sistema sanitario y en cambio sí reduce el gasto en profesionales y en la atención a los pacientes.

SOLICITO: La derogación de la Ley/15/97 y cualquier otra que permita a las empresas privadas gestionar la sanidad pública.

Para firmar pulsa aquí

URGENTE: Ha fallecido Rosario Sánchez Mora "La Dinamitera".

Ha fallecido Rosario "La Dinamitera". Madrid: Tanatorio M-30, Sala 9. Entierro mañana viernes, a las 15:00 horas, en el cementerio civil de la Almudena, en Madrid.
La Democracia - Kaos. Memoria Histórica (Para Kaos en la Red)

La entierran mañana viernes, a las 15:00 horas, en el cementerio civil de la Almudena, en Madrid.

Rosario Sánchez Mora. La mujer dinamitera
Carlos Fonseca (El País - Kaos. Memoria histórica) [01.03.2006]

http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=16071



Rosario Sánchez Mora tenía 17 años cuando se alistó voluntaria para luchar contra las tropas fascistas que pretendían tomar Madrid en los primeros días de la Guerra Civil. Fue el poeta Miguel Hernández quien la inmortalizó en un poema como “Rosario dinamitera".

Madrid no tenía el aire festivo de otros fines de semana. Aquel sábado 18 de julio de 1936, la capital había abortado el levantamiento militar iniciado la víspera en el protectorado español de Marruecos, que se había extendido como el aceite por la Península. Miles de obreros habían asaltado el Cuartel de la Montaña, principal foco de los rebeldes, y se preparaban para defender la ciudad del autodenominado Ejército Nacional, que avanzaba desde el Norte para hacerse con los embalses del Lozoya.

Decenas de camionetas partieron la madrugada del día 19 rumbo a la sierra repletas de jóvenes que se habían ofrecido voluntarios para combatir, convencidos de que en cuestión de días estarían de vuelta en casa. Entre los que viajaban en uno de esos camiones, camino de Buitrago, estaba una muchacha de diecisiete años, Rosario Sánchez Mora. Se había alistado la tarde anterior, sin decir nada a su familia, en el centro cultural Aída Lafuente, que la Juventud Socialista Unificada (JSU) tenía en el número 10 de la calle de San Bernardino, a unas manzanas de su domicilio.

Rosario llevaba un año viviendo en casa de unos vecinos de Villarejo de Salvanés, que se la habían traído con ellos a Madrid para que cuidara de sus hijos. Andrés Sánchez, su padre, no quería que se marchara del pueblo, pero al final accedió con la condición de que aprendiera corte y confección. Él hubiese preferido que estudiara para comadrona o maestra, pero sin dinero para pagar los estudios, un oficio era lo más que podía ofrecerle. Andrés había enviudado años antes, al morir la madre de Rosario se había vuelto a casar y tenía otros cinco hijos de su segundo matrimonio, de modo que no le pareció mal que su hija mayor se marchara a la capital para labrarse un futuro.

Cuando llegaron a su destino, Rosario y sus compañeros fueron encuadrados en una de las unidades de choque que se batían con el enemigo en primera línea de fuego, a las órdenes de un muchacho de veintiséis años, robusto, de mediana estatura y barba cerrada: Valentín González, al que todos apodaban El Campesino. Con un mosquetón de siete kilos de peso y sin otras nociones de armas que las que recibió en la trinchera, Rosario comenzó a pelear como un miliciano más en una línea del frente que se prolongaba a través de kilómetros. Disparaba contra un enemigo que sabía a escasa distancia, pero al que raramente veía. En la Peña del Alemán, una posición avanzada que los fascistas habían señalado como objetivo prioritario, vio morir a muchos de los muchachos que viajaron con ella desde Madrid.

Tras dos semanas de enfrentamientos, en las que lograron contener a los rebeldes, la guerra en la sierra dejó de ser una batalla abierta para convertirse en una batalla de posiciones. Rosario fue destinada entonces a la sección de dinamiteros, que estaba al mando del capitán Emilio González González, un minero barrenista de Sama de Langreo (Asturias) especialista en el manejo de los fulminantes y la dinamita. El grupo tenía su base en una casa abandonada entre Buitrago y Gascones, a unos cinco kilómetros de la línea de fuego, donde disponían de un pequeño polvorín en el que almacenaban los explosivos y se confeccionaban unas rudimentarias bombas. Los artefactos en cuestión eran botes de leche condensada que se reciclaban hasta convertirse en granadas de mano. El proceso era simple: se llenaba la lata con clavos, tornillos y cristales, y sobre ellos se vertía la dinamita. Después se cerraba el bote con su propia tapa y se ataba con una cuerda y trapos para que no se derramase el contenido. La tarea más peligrosa era colocar el fulminante y la mecha para que aquello estallara, de lo que se encargaba personalmente el capitán González.

La mañana del 15 de septiembre, Rosario y sus compañeros aprendían a efectuar una descarga con cartuchos de dinamita, mucho más fáciles de manejar que las bombas lata. Eran diez milicianos, y Rosario estaba situada la última a la izquierda. Cuando prendió su mecha, la oyó silbar. La noche anterior había llovido y estaba húmeda. Se quemaba por dentro, pero no por fuera, y no sintió el calor de la llama en la uña de su dedo pulgar, que indicaba el momento de lanzarla. El cartucho estalló en su mano derecha, que quedó destrozada por encima de la muñeca. Herida de gravedad, la operaron en el hospital de sangre de la Cruz Roja en La Cabrera, donde consiguieron salvarle la vida.

Llevaba varios días convaleciente en el hospital cuando el filósofo y catedrático de la Universidad Central de Madrid José Ortega y Gasset acudió a visitarla al conocer la historia de una muchacha muy joven que había perdido una mano en el frente. Iba camino de Valencia y aprovechó el viaje para informar de lo ocurrido a los padres de Rosario, que esa misma noche se desplazaron al hospital. “Miren ustedes, lo siento mucho, siento muchísimo que mi hija mayor haya perdido una mano, pero les aseguro que si mis otros cinco hijos perdieran la suya por la misma causa, estaría orgulloso de ellos. No tienen de qué preocuparse", les dijo Andrés, su padre, a los médicos que les recibieron con la intención de tranquilizarles. Ferviente republicano y presidente de Izquierda Republicana (IR) en Villarejo, el valor de su hija le llenaba de orgullo.

Rosario fue trasladada al hospital de la Cruz Roja en la calle de la Reina Victoria, y de allí a otro instalado en la Facultad de Filosofía y Letras para que concluyera su recuperación. Para entonces, 4 de noviembre, los fascistas se encontraban a cinco kilómetros de la capital. La caída de Madrid parecía inminente, y con ella el fin de la guerra. Así lo creía hasta el propio Gobierno de Largo Caballero, que abandonó la capital rumbo a Valencia. Dos días más tarde, Rosario y todos sus compañeros de convalecencia fueron evacuados del hospital ante la proximidad del enemigo, que estaba a punto de lanzar su mayor ofensiva por la Ciudad Universitaria. Aún débil, fue ingresada en el hospital de San José y Santa Adela, en la calle de Eloy Gonzalo, que abandonó fechas después con la intención de volver a las trincheras, aunque fuera con una sola mano.

La unidad de choque de El Campesino se había convertido en la 10ª Brigada Mixta, con más de tres mil hombres, y su comandancia estaba en el convento de las clarisas de Alcalá de Henares. Rosario fue recibida como una heroína y destinada al Comité de Agitación y Propaganda.

La estancia en Alcalá fue corta, apenas unas semanas, porque El Campesino trasladó su Estado Mayor a Ciudad Lineal, primero, y a un chalé en el número 11 de la calle de O’Donnell de Madrid, después, y Rosario se fue con él como encargada de la centralita del edificio. Antonio Aparicio, el joven poeta sevillano al que había conocido en Alcalá, se convirtió en uno de los habituales del lugar y pronto entablaron amistad. Un día vino acompañado de otro poeta y amigo al que, por sus palabras, rendía veneración. Éste no era otro que Miguel Hernández, que había escrito un poema a aquella joven de cuyas hazañas en el frente tanto le hablaba su compañero. Se lo presentó y le dio a leer los versos:

“Rosario, dinamitera, / sobre tu mano bonita / celaba la dinamita / sus atributos de fiera. / Nadie al mirarla creyera / que había en su corazón / una desesperación / de cristales, de metralla / ansiosa de una batalla, / sedienta de una explosión. / Era tu mano derecha, / capaz de fundir leones, / la flor de las municiones / y el anhelo de la mecha (…) / ¡Bien conoció el enemigo / la mano de esta doncella, / que hoy no es mano porque de ella, / que ni un solo dedo agita, / se prendó la dinamita / y la convirtió en estrella! (…)".

La amistad con Antonio se amplió también a Miguel, y con el tiempo a Vicente Aleixandre, compañero inseparable de los dos anteriores, ante los que oficiaba de maestro desde sus 38 años y su experiencia de escritor.

Los días discurrían tranquilos en el chalé de la calle de O’Donnell, aunque las noticias que llegaban del frente eran cada vez más preocupantes. Los bombardeos se iniciaban al amanecer –“el lechero", los llamaban los madrileños– y los cañones batían la Gran Vía, bautizada como avenida de los Obuses o del Quince y Medio por el calibre de los proyectiles que impactaban en ella. Una mañana irrumpió en las oficinas un joven al que Rosario no había visto nunca. Era alto y apuesto, el pelo o­ndulado y los ojos claros. Un latigazo le recorrió el corazón. Desde entonces esperaba con impaciencia sus visitas, que comenzaron a hacerse cada vez más frecuentes. Del cruce de miradas pasaron a los saludos y a animadas charlas. Se llamaba Francisco Burcet Lucini, tenía veinte años y era sargento de la Sección de Muleros de la Brigada. Comenzó a cortejarla y semanas después, azorado y nervioso, le pidió relaciones. Rosario aceptó. Su recién estrenado noviazgo se limitaba a encuentros fugaces y a algún breve paseo por el Retiro. Nunca fueron juntos al cine, ni ella le dejó que la cogiera de la mano, y mucho menos que le diera un beso.

Había transcurrido un año de guerra cuando se le presentó la ocasión de volver al frente. La 10ª Brigada Mixta de El Campesino se había convertido en la 46 División, con más de doce mil hombres a sus órdenes, que en el verano de 1937 intervino en una ofensiva hacia Brunete para intentar atrapar en una bolsa a las fuerzas nacionales que sitiaban Madrid desde el suroeste. El ataque fue de tal magnitud que el pueblo claudicó en apenas unas horas, aunque las pequeñas guarniciones de Quijorna y Villanueva del Pardillo resistieron la acometida. Rosario fue elegida para convertirse en cartera del frente, encargada de ser el nexo de unión con el Estado Mayor en la capital y de llevar la correspondencia de los soldados.

Las cartas para el frente se recibían en una dependencia situada en el número 18 del paseo del Prado. Un grupo de muchachas las ordenaban por brigadas, batallones y compañías, y las introducían en sacas debidamente identificadas. A las ocho de la mañana, Rosario y sus compañeros acudían puntuales a recoger la correspondencia, y sin demora se dirigían dando un rodeo para evitar las zonas más próximas a las posiciones enemigas, aunque en más de una ocasión fueron tiroteados al introducirse por error en territorio controlado por los nacionales. Hasta que el 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, los nacionales recuperaron de nuevo Brunete.

Rosario regresó a Alcalá con las tropas de El Campesino y aprovechó la ocasión para casarse con Paco, que llevaba meses insistiendo en ello. El enlace por lo civil se celebró el 12 de septiembre, acompañados de familiares y amigos. Alquilaron una modesta vivienda en la localidad, donde vivieron su pasión durante unas semanas intensas. Rosario se quedó embarazada, pero su felicidad duró poco. El 21 de enero de 1938, Paco partió rumbo a Teruel con los hombres de la 46 División para relevar a los de la 11, que habían participado en la toma de la ciudad, la primera capital de provincia que las tropas republicanas conseguían conquistar desde el inicio de la guerra. Como antes en Brunete, los republicanos cedieron poco después Teruel y las tropas de El Campesino regresaron a la capital agotadas y maltrechas. Estuvieron dos semanas juntos, hasta que la unidad fue enviada al frente de Aragón para contener otra ofensiva fascista en la zona.

Durante meses, su único contacto fueron las cartas que se escribían. Largas misivas en las que competían por expresar sus sentimientos. Angustiada por semanas de espera sin nada que hacer, limitándose a ver pasar los días desde su estado de gravidez, Rosario comenzó a trabajar en la oficina que Dolores Ibárruri, La Pasionaria, había organizado en el número 5 de la calle de Zurbano para reclutar mujeres que cubrieran los puestos de trabajo que los hombres dejaban libres cuando marchaban al frente. Estuvo hasta el 22 de julio, cuando dio a luz a una niña en el hospital de Santa Cristina, en la calle de O’Donnell, a la que puso de nombre Elena.

Las tropas de El Campesino participaban por entonces en la ofensiva republicana del Ebro. La batalla más decisiva de la guerra concluyó cuatro meses más tarde, el 15 de noviembre, cuando las tropas de Franco dieron por reconquistadas las posiciones que habían perdido durante el verano, partieron en dos la zona republicana y decidieron avanzar hacia Barcelona. Fue entonces cuando las cartas de Paco dejaron de llegar, y Rosario no supo si había muerto, había logrado escapar a Francia o era uno de los miles de prisioneros que hicieron los nacionales en su avance. El 26 de enero de 1939, las tropas de Franco entraban en Cataluña, y tres meses más tarde lo hacían en Madrid. La guerra había terminado.

Rosario dejó a su hija con su madre e intentó escapar por Alicante con su padre, donde fueron capturados con otros 15.000 republicanos que esperaban exiliarse a bordo de barcos de la Sociedad de Naciones que nunca llegaron a puerto. Fueron conducidos al campo de los Almendros, donde fusilaron a Andrés. Rosario fue liberada y trasladada semanas después a Madrid, donde fue detenida de nuevo por vecinos falangistas de su pueblo, que la encarcelaron en la prisión de Villarejo y después en la de Getafe mientras se incoaba el procedimiento sumarísimo de urgencia 34.378. La petición fiscal de muerte fue conmutada por 30 años de reclusión por un delito de adhesión a la rebelión. Ella, que había defendido la legalidad republicana, era acusada de haberse levantado contra quienes la violentaron.

Su primer destino como penada fue la prisión de Ventas, convertida en un enorme almacén humano en el que se hacinaban más de cuatro mil mujeres, pese a que su capacidad era de cuatrocientas. En ella permaneció por espacio de dos meses y medio, hasta su traslado a la prisión de Durango, un convento de monjas en el que hasta no hacía mucho tiempo tomaban sus votos las novicias. Comenzaba un periplo carcelario que habría de llevarla a las cárceles de Orúe y, finalmente, a la de Saturrarán, donde el 28 de marzo de 1942, tras sufrir tres años de encierro y todo tipo de calamidades, fue puesta en libertad gracias a los beneficios penitenciarios que el nuevo régimen se veía obligado a decretar periódicamente para aliviar sus prisiones. El mismo día en que ella pisaba de nuevo la calle moría en la prisión reformatorio de Alicante su querido poeta Miguel Hernández, víctima de una larga enfermedad agravada por el penoso tránsito por numerosas prisiones. “¿Qué hice para que pusieran / a mi vida tanta cárcel?", dejó escrito el poeta oriolano.

Desterrada a doscientos kilómetros de Villarejo, Rosario marchó a Samprón, una pequeña aldea del Bierzo leonés, en el que vivía una compañera de prisión que había recuperado la libertad antes que ella. Durante dos meses, la guerra se convirtió en un recuerdo lejano, hasta que el instinto por recuperar a su hija le hizo regresar a Madrid pese a la prohibición de hacerlo. En la capital buscó la ayuda de otra compañera, Rufina Núñez, que la acogió en su domicilio.

Las semanas siguientes descubrió que su hija Elena estaba al cargo de su suegra. Acababa de cumplir cuatro años y era una niña espigada y flaca que rompió a llorar cuando aquella desconocida que decía que era su madre la abrazó con toda la fuerza de que fue capaz. La vida pareció recuperar el sentido, y por Rufina mandó también recado a su madre, que no tardó en viajar a Madrid para reencontrarse con ella. Tan sólo faltaba Paco, de quien su suegra le aseguró que no sabía nada desde el final de la guerra. Tuvo que ser su cuñado José Luis quien le desvelara que su marido vivía en Oviedo, se había vuelto a casar y tenía dos hijos. El régimen de Franco había anulado los matrimonios civiles de la República y ella era, a efectos legales, una madre soltera.

Viajó a Asturias en su busca, pero tampoco lo encontró. Los padres de Socorro, su nueva mujer, le dijeron que hacía nueve días que se había mudado con su familia a Barcelona en busca de trabajo. Pensó que todo había terminado. Rehízo su vida con un hermano del marido de Rufina, con quien tuvo otra hija, se separaron al cabo de dos años y ella comenzó a vender tabaco americano de contrabando en la plaza de Cibeles. Hasta allí fue a su encuentro Paco. Cuando se encontraron habían transcurrido quince años desde su despedida en el ya lejano marzo de 1938, cuando él marchó a Teruel con las tropas de El Campesino. Demasiado tiempo para que todo volviera a ser igual.

“La mía ha sido una vida dura y valiente, porque si no le hubiera echado agallas no sé qué habría sido de mí", dice Rosario setenta años después de aquella mañana de julio de 1936 que marchó al frente. Hoy, a sus 86 años cumplidos, es una mujer rebelde y de una memoria prodigiosa, que se afana en conservar sus recuerdos escribiéndolos en enormes cuadernos de anillas. “Mi lucha", dice, “mereció la pena".



Rosario dinamitera. Una mujer en el frente’, el libro de Carlos Fonseca donde se cuenta la historia de esta miliciana, está editado por Temas de Hoy.




KAOSENLARED TRANSMITE SU PÉSAME A LOS FAMILIARES Y AMIGOS DE ROSARIO "NUESTRA DINAMITERA"

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ROSARIO, DINAMITERA

Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación,
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.

Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.

Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!

Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres,
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.

Miguel Hernández, hacia 1937